El valor de los juegos

En este blog, ” enseñar inglés en casa “, se hacen numerosas referencias a distintos juegos que se pueden realizar durante el proceso de aprendizaje.  Algunos son muy evidentes, como por ejemplo, esconder algo en la habitación y hacer preguntas usando las preposiciones (….under the bed?, ….behind the desk?).  Otros son algo más elaborados, con tableros, turnos de juego, etc…

¿Qué peso deben tener los juegos en la enseñanza del idioma?  Pues, como tantas veces, depende:

  • De la edad del niño, sin duda.  Mientras más pequeños sean, más contenido lúdico, o de otra forma se nos rebelarán 🙂
  • De la personalidad del niño.  Si su hijo es muy inquieto, comenzar la clase con un juego será casi un “must”, para ir cambiándole el chip y centrándole en la actividad de aprender inglés.
  • Del tiempo que se disponga.  Si están un fin de semana en casa con lluvia continua, pues es casi obligado buscar juegos que hacer.  En la clase de inglés, los juegos serán en inglés, claro.

Mi experiencia (recuerden, con un hijo de 7 años que ya sabe leer): Ponderar el juego con otras actividades de aprendizaje del idioma, dentro del contexto de “la clase”.  Es decir, “la clase” comienza, estamos “en clase”, es nuestro tiempo “de clase”.  Nos hemos programado para que no nos interrumpan, el niño es consciente de que vamos a estar un rato juntos y de que el adulto es el que “dirige la orquesta”.

Dentro de este contexto, de tiempo de calidad que nos reservamos “el profesor y el alumno”, el juego forma parte de la clase, pero para mí no debe convertirse en el hilo conductor de la clase.  De esta forma, usaremos los juegos a nuestra conveniencia:

  • Al comienzo de la clase, por ejemplo, para introducir el contenido de lo que va a venir después
  • Al final de la clase, como premio a una actividad que se ha realizado muy bien por parte del niño
  • Cuando el contenido de lo que vamos a enseñar sea de por sí muy “jugueteable”, porque implica movimiento y dinamismo (ver sección “THIS/THAT” como ejemplo)
  • Cuando se trate de un dia en el que el niño esté cansado o irritado, hacer del juego ese día la única actividad de la clase de inglés, para asentar el refuerzo positivo que le otorgamos al idioma.

El juego no lo entiendo por tanto como un fin en si mismo, sino como un medio para centrar adecuadamente los contenidos del idioma.  Evito de esta forma trivializar en exceso “la clase”.  El objetivo es aprender, los ingredientes de la receta son los distintos contenidos, orales y escritos, que hemos preparado.  Los juegos son la pimienta “que le da sabor al plato”.

Por otra parte, el que no siempre se juegue no quiere decir que la clase no sea amena.  Aquí y allá introduciremos a menudo una anécdota, un guiño, una nota de humor.  El proceso debe ser entretenido, pero, como en la vida, todo no puede ser diversión, a veces hay que “hincar codos”.  Después de los “codos”, es mi experiencia, más aun valoran los niños el momento en que llegan los juegos.

“Pas de bras, pas de chocolat”, que dirían los franceses… Dicho lo cual, mientras se juega nos lo pasamos bien, por supuesto 🙂

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